PRIMERA TEMPORADA


TERCER CAPÍTULO


José Andrés Rázuri, en la batalla de Junín el 6 de agosto de 1824.
“Mi Coronel, el general La Mar ordena que cargue Usted de todos modos.”

Hola, te saluda Luis Enrique Cam. Todos los habitantes de un país, ciudad o pueblo sienten un sano orgullo por los héroes que han nacido en su propia tierra. San Pedro de Lloc, capital de la provincia de Pacasmayo, en la Región de La Libertad, no es la excepción. Los sanpedranos tienen en su lista de “hijos ilustres” a connotados personajes en distintos campos del conocimiento y de las artes, pero el más representativo, sin menoscabo de los otros, es José Andrés Rázuri Esteves. Razuri nació un 28 de septiembre de 1791. Animado por sus padres para que se convirtiera en clérigo, ingreso al seminario de San Carlos y San Marcelo de Trujillo.

Padre: - Hijo, la tradición indica que toda familia de bien debe tener entre sus miembros a un militar, un maestro y un sacerdote. Tú tendrás el honor de ser ministro de nuestro Señor Jesucristo.

Madre: - ¡Cuánta ilusión tengo de acompañarte en tu primera misa!

Razuri: - ¡Madre! No tiene que llorar usted como una Magdalena. No me voy a la guerra…

Madre: - ¡Este hijo!

Santiago: - Espero que no te castiguen tanto como en la escuela hermano…jajaja

Razuri: - Jajaja Santiago, eres un bribón. Dame un abrazo. ¡Escribiré pronto! Ya en el seminario, el joven Razuri descubrió que su camino en la vida no era la disciplina del claustro ni el estudio de la teología y el latín.

Razuri: - Padre Rector, aquí he aprendido muchas virtudes de mis compañeros y formadores, pero me es imposible seguir las normas y reglas de este lugar…

Padre rector: - José Andrés, a Dios y a nuestro prójimo los podemos servir desde el lugar donde estemos. Pero recuerda, tanto aquí como en el mundo exterior, tendrás que dominar el ímpetu y la vehemencia de tu carácter…

Razuri se dedicó con éxito a los negocios del campo en su natal San Pedro de Lloc. Pero cuando los aires independentistas soplaron con fuerza en las provincias del norte del Perú, el joven sampedrano, no dudó en unirse a la Expedición Libertadora de don José de San Martín, que había establecido su cuartel general en Huara.

José de San Martín: - Oficial Rázuri diríjase a Chancay y entérese de lo que ha pasado allí. Hemos recibido información que el batallón español Numancia se ha pasado a nuestra causa libertadora. Razuri: Comprendido mi general. Eso haré.

Por su activa participación en la gesta libertadora de las provincias del norte, Razuri fue ascendido a Alférez, grado con el que ingresó a Lima en julio de 1821 junto al ejército de San Martín. Al año siguiente, el 24 de mayo de 1822, participó en la decisiva batalla de Pichincha. Victoria que logró sellar la independencia de las provincias de Quito, que luego conformarían la República del Ecuador. Por su arrojo en la contienda, Rázuri mereció el ascenso al grado de Teniente. De paso por su pueblo, encargó a su hermano la tarea de reclutar y organizar a una unidad de caballería.

Razuri: - - Santiago, vende la mitad de las tierras que me pertenecen y adquiere todo lo necesario para formar un escuadrón de voluntarios leales a la independencia, ellos serán llamados “Los Dragones de Pacasmayo”.

Por instrucciones de Simón Bolívar, comandante en jefe del Ejército Unido Libertador, Razuri contribuyó a la formación del Regimiento “Húsares del Perú” que junto al resto del ejército patriota partió a la sierra central en búsqueda de las fuerzas realistas comandadas por el español José de Canterac.

En la gélida llanura de Junín o también llamada Meseta de Bombón, a 4200 metros sobre el nivel del mar, se encuentran los ejércitos de ambos bandos. Los patriotas han llegado allí después de extenuantes jornadas de camino. Bolívar sin perder tiempo, ordena a la caballería, al mando del general argentino Mariano Necochea, que ataque al ejército enemigo. Los batallones de infantería se habían quedado retrasados diez kilómetros y no entrarán en el combate.

Bolívar: - ¡Desplazamiento a trote!

El terreno es difícil por lo que la caballería independentista, compuesta de 900 jinetes, tiene que avanzar en columnas por un desfiladero entre un cerro y un pantano. Al darse cuenta del panorama, el experimentado general José de Canterac se pone al frente de sus escuadrones y ordena a su caballería que ataquen a los patriotas, que no tienen tiempo de desplegarse en línea de batalla.

Canterac: - ¡A la carga Dragones!

La carga realista es avasalladora y sobrepasa a los escuadrones de NECOCHEA quien es siete veces herido y cae prisionero. El general Guillermo Miller asume el mando de la caballería patriota. La batalla es sangrienta. No se hace un solo tiro ni de pistola ni de fusil. El enfrentamiento es a solo a filo de armas blancas: sables y lanzas. La batalla parece perdida para los patriotas que confundidos por la caballería enemiga inician la retirada. Los escuadrones de los Húsares del Perú habían quedado en la reserva. Razuri, que ostenta ahora el grado de sargento mayor, recibe la orden del coronel argentino Isidoro Suárez de pedir instrucciones al General La Mar.

Suárez: - Razuri, la victoria aquí es casi imposible, pregunte al general La Mar cuál es su orden para los escuadrones de reserva.

Rázuri: - ¡Comprendido mi Coronel! Razuri galopa a toda prisa hacia la posición del Estado Mayor ubicado en una colina, a retaguardia, desde donde se podía ver todo del campo de batalla. Simón Bolívar, al contemplar el panorama adverso, había ordenado a sus generales la retirada para no perder el resto de la caballería patriota.

Rázuri: - Mi general La Mar, los escuadrones de la reserva pedimos instrucciones para la batalla.

La Mar: - “Razuri: Diga usted al comandante Suárez que ordene repliegue.”

Rázuri: - Mi general, pero eso significa abandonar a los nuestros…

La Mar: -“Mayor Rázuri: ¡Diga usted al comandante Suárez que salve a su escuadrón como pueda!” Razuri, con su vehemencia característica, emprende retorno hacia el coronel Suárez. En el trayecto, Rázuri ve que las columnas realistas han descuidado su propia retaguardia por perseguir a los fugitivos. En ese momento, tiene una genial inspiración. Razuri ve la oportunidad de atacar al enemigo por la espalda. Y toma una decisión temeraria y audaz a la vez:

Rázuri: - “Mi comandante, el general La Mar ordena que cargue usted de todos modos.” Suárez no cree lo que acaba de escuchar.

Suárez: - “Repita Mayor Razuri lo que acaba de decir.”

Rázuri: - “Que ataquemos de todos modos mi coronel.” Razuri había cambiado la orden. Y mirando el campo de batalla, se lanzó al ataque.

Rázuri: - “¡Adelante!”

El coronel Suárez, al ver el valor de Razuri, ordena el ataque por la retaguardia lo que provoca desconcierto en el enemigo. Los realistas no esperaron semejante respuesta.

Suárez: - ¡¡Carga!! ¡¡Adelante!! Escuadrones: - ¡¡¡Adelante!!!

El factor sorpresa toma desprevenido al ejército realista que se creía victorioso y comienza a dispersarse. El general Miller que había dado la orden de retirada vuelve grupas contra el ejército español. Este hecho alienta a las tropas patriotas que acometen con mayor bravura. Los perseguidores se detienen y empiezan a retroceder. La batalla es encarnizada. La carga ordenada por Suarez convierte inesperadamente la derrota en victoria. Después de 45 minutos de lucha la retirada de la caballería española confirma el triunfo de los patriotas. Gracias a la "audaz desobediencia" de Rázuri, el Ejército Unido Libertador del Perú venció al Ejército Realista en la llanura de Junín. Sin embargo, esta indisciplina motivó una dura amonestación del general José de La Mar quien mandó llamar a Razuri en pleno campo de batalla:

La Mar: - “Mayor Rázuri, "Debería usted ser fusilado; pero a usted se le debe la victoria de hoy.”

Rázuri: - ¡Comprendido mi general!

En el parte oficial de la batalla firmado por Antonio José de Sucre no se menciona la acción de Razuri. Una insubordinación que cambió el rumbo de la historia. Porque lo que sucedió en Junín fue el preludio de lo que pocos meses después sucedería en la pampa de la Quinua. La valentía del escuadrón “Húsares del Perú” en el campo de batalla motivó a Bolívar a cambiar el nombre por el de “Húsares de Junín” quienes tendrían luego una determinante acción en la Batalla de Ayacucho.

José Andrés Razuri retirado de la vida militar volvió a sus labores agrícolas en su querido San Pedro de Lloc, hasta su muerte en 1883.

"Mi Coronel, el general La Mar ordena que cargue Usted de todos modos.”

Volver a Temporadas